Por fortuna estas cuestiones son poco leídas, y a su vez generan la posibilidad de desprenderse de las cosas que uno piensa...ese es el encanto de la escritura: la posibilidad del desahogo. Los domingos en la noche, a pesar de ser una queja para muchos, siempre me han pasado desapercibidos...sin pena ni gloria. Sin duda alguna, ésta es la primera ocasión en que un domingo en la noche me ha dejado un buen rato pensativo y meditabundo, no por ser víspera de lunes (ya que no le temo ni lo aborrezco); sino porque en una analogía extraña me representó un ocaso, así como la apertura de un nuevo ciclo, para el caso, la semana laboral que ya inicia, porque ya es lunes. Y creo que es también raro que me detenga a reflexionar sobre lo que tengo, hago y/o he dejado de hacer en un momento de cierre/apertura...porque ni para la nochevieja lo hago. Generalmente los estados reflexivos son señal de empantanamiento, y puede que así suceda, puede que uno se detenga a mirar qué hace, y sienta que ...
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