Por fortuna estas cuestiones son poco leídas, y a su vez generan la posibilidad de desprenderse de las cosas que uno piensa...ese es el encanto de la escritura: la posibilidad del desahogo.

Los domingos en la noche, a pesar de ser una queja para muchos, siempre me han pasado desapercibidos...sin pena ni gloria. Sin duda alguna, ésta es la primera ocasión en que un domingo en la noche me ha dejado un buen rato pensativo y meditabundo, no por ser víspera de lunes (ya que no le temo ni lo aborrezco); sino porque en una analogía extraña me representó un ocaso, así como la apertura de un nuevo ciclo, para el caso, la semana laboral que ya inicia, porque ya es lunes. Y creo que es también raro que me detenga a reflexionar sobre lo que tengo, hago y/o he dejado de hacer en un momento de cierre/apertura...porque ni para la nochevieja lo hago.
Generalmente los estados reflexivos son señal de empantanamiento, y puede que así suceda, puede que uno se detenga a mirar qué hace, y sienta que no hace un carajo. Sin embargo, sé que en medio de esa nada que se presenta ante mis ojos como ideas que van y vienen haciéndose cada vez más grandes, hago cosas cotidianas que contribuyen a hacer más llevadera la vida de personas que ya no pueden valerse por sí mismas. Quizá no esté cambiando el mundo, ni los paradigmas de la música o la ética de las relaciones humanas alrededor de la poítica...pero, me da sentido de utilidad el saber que contribuyo a desempañar una vida, una sola. Y en ese camino de servicio afectivo y desinteresado, surge la lógica pregunta del qué hacer una vez que esa vida se extinga...Es eso en últimas lo que me conduce a reflexionar y a escribir.
Evidentemente cada día trae su afán, y en cualquier momento se apaga una vida, contada la mía...pero uno se proyecta, teje planes y maquina sueños. Esos planes se ven cuesta arriba en muchos sentidos, y a veces la fuerza flaquea, y el espíritu se ve menguado por las constantes desilusiones. Probablemente me suceda como la novia del ARIEL de Rodó, y mañana al despertar tenga una nueva esperanza, y así día tras día...pero también es sensato aceptar el cansancio y la sensación de la nada, esa que corroe, que absorve, que nubla los sentidos, y los adormece, dejando tan solo la sensación de querer dormir para siempre.
Quizá soy muy débil y elegí algo que no medí...me pudo el ojo. No sé qué suceda mañana, pero hoy siento cansancio, tristeza y desazón...A pesar de saber que por ahí hay una chispa...espero que se convierta en llama, o bien para brillar, o bien para extinguirse.

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