¿Entonces, para qué?
Llevaba poco más de veinte días sin redactar, quizá pasmado por las circunstancias, la muerte de líderes y lideresas y el carácter latente de amenaza frente al disenso como clima generalizado en el ambiente político. Y en medio de todas estas situaciones que, aunque no me tocan directamente, llegan a preocuparme profundamente, surge la pregunta alrededor de los hijos, que alguien llegó a formular en ese afán de procurarle a los más jóvenes la construcción de una vejez digna. Buscando una salida rápida y sustentado en la emergencia climática, la sobrepoblación y el exceso de pañales desechables que genera un crío, salí avante del interrogante, pero la cosa quedó ahí, flotando, sin respuesta real, sobretodo por ese nudo que hicieron para establecer una relación entre tener hijos y construír una vejez más o menos estable. Resulta que tras masticarlo, reafirmé mi postura: tener hijos no garantiza sufrir de soledad, abandono, o tener una vejez digna, más allá de los valores con que se for...