¿Entonces, para qué?
Llevaba poco más de veinte días sin redactar, quizá pasmado por las circunstancias, la muerte de líderes y lideresas y el carácter latente de amenaza frente al disenso como clima generalizado en el ambiente político. Y en medio de todas estas situaciones que, aunque no me tocan directamente, llegan a preocuparme profundamente, surge la pregunta alrededor de los hijos, que alguien llegó a formular en ese afán de procurarle a los más jóvenes la construcción de una vejez digna. Buscando una salida rápida y sustentado en la emergencia climática, la sobrepoblación y el exceso de pañales desechables que genera un crío, salí avante del interrogante, pero la cosa quedó ahí, flotando, sin respuesta real, sobretodo por ese nudo que hicieron para establecer una relación entre tener hijos y construír una vejez más o menos estable.
Resulta que tras masticarlo, reafirmé mi postura: tener hijos no garantiza sufrir de soledad, abandono, o tener una vejez digna, más allá de los valores con que se formen. Los lazos de solidaridad, compromiso y afecto van más allá de un vínculo sanguíneo que construya imperativos, cuidado y atención, casi de la misma forma con la que se plantean las paternidades/maternidades irresponsables.
Uno cuida y vela por amor, y no por parentezcos, y en ello tiene mucho que ver la vocación de servicio y de entrega...Y de eso, poquísimo por estos días. ¿Entonces, para qué?
Y si a eso uno le suma que el mundo real está en una serie de vertiginosas transformaciones, de valores efímeros y de consumo, donde cada vez estamos más cosificados en materia sexual, estética y afectiva, pues de nuevo se plantea: ¿entonces, para qué?
Ahora bien, súmele a todo lo anterior los líos económicos en materia laboral de jubilación, de ingresos, burbuja de consumo; y esa -para mí- extraña tendencia del ser humano a querer prolongar la vida y el proceso orgánico normal, sin importar la calidad y la dignidad que deba contener el estar vivo.
Sin duda, esto es una cuestión de causalidades, y por eso mismo la vejez estará signada por los efectos de nuestras acciones y omisiones. Creo tenerlo más o menos claro, y espero contar con la entereza suficiente para enfrentarlo si es que llego a vivir al término de poder considerarme viejo, al menos orgánicamente hablando. Pero como ni siquiera sobre eso hay una certeza, así como sobre los hijos, la economía, la emergencia climática, o las nuevas olas de violencia que en breve se desatarán, pues eso de la excesiva preocupación como para qué.
Picaset: Tal vez el texto este hueso, por lo que ofrezco una disculpa a quienes gentilmente lo lean, pero quise escribir a pesar de no tener muy claro el rumbo que tomarían las palabras.
Resulta que tras masticarlo, reafirmé mi postura: tener hijos no garantiza sufrir de soledad, abandono, o tener una vejez digna, más allá de los valores con que se formen. Los lazos de solidaridad, compromiso y afecto van más allá de un vínculo sanguíneo que construya imperativos, cuidado y atención, casi de la misma forma con la que se plantean las paternidades/maternidades irresponsables.
Uno cuida y vela por amor, y no por parentezcos, y en ello tiene mucho que ver la vocación de servicio y de entrega...Y de eso, poquísimo por estos días. ¿Entonces, para qué?
Y si a eso uno le suma que el mundo real está en una serie de vertiginosas transformaciones, de valores efímeros y de consumo, donde cada vez estamos más cosificados en materia sexual, estética y afectiva, pues de nuevo se plantea: ¿entonces, para qué?
Ahora bien, súmele a todo lo anterior los líos económicos en materia laboral de jubilación, de ingresos, burbuja de consumo; y esa -para mí- extraña tendencia del ser humano a querer prolongar la vida y el proceso orgánico normal, sin importar la calidad y la dignidad que deba contener el estar vivo.
Sin duda, esto es una cuestión de causalidades, y por eso mismo la vejez estará signada por los efectos de nuestras acciones y omisiones. Creo tenerlo más o menos claro, y espero contar con la entereza suficiente para enfrentarlo si es que llego a vivir al término de poder considerarme viejo, al menos orgánicamente hablando. Pero como ni siquiera sobre eso hay una certeza, así como sobre los hijos, la economía, la emergencia climática, o las nuevas olas de violencia que en breve se desatarán, pues eso de la excesiva preocupación como para qué.
Picaset: Tal vez el texto este hueso, por lo que ofrezco una disculpa a quienes gentilmente lo lean, pero quise escribir a pesar de no tener muy claro el rumbo que tomarían las palabras.
Comentarios
Publicar un comentario