Del nuevo ministro de defensa.
Los actos de fe son cada vez más escasos, porque cada vez se cree menos. Y ello no por un asunto de reflexiva y sana duda que nos conduzca a un racional contraste de escenarios posibles, sino por el mal irremediable de la estrepitosa y constante decepción que trae consigo cada nuevo escándalo. Ese es el manto que abriga toda la institucionalidad estatal, y me aventuro a sostener eso de la totalidad, porque ya ni la justicia ha quedado fuera de ello, y basta recordar el cartel de la toga. Hay quienes achacan este mal en una herencia colonial que tuvo en la administración virreinal un ávido ejemplo de corrupción y manejo amañado de las disposiciones de la corona a un número determinado de intereses de élites locales, cuyos malos hábitos nunca fueron enmendados, dado que la emancipación independentista tan sólo significó una suerte de reemplazo de yugo por el de unas élites locales que no tuvieron muy claro eso de la independencia y la democracia. Otros, que no lo leen tan...