#NosEstánMatando
En este momento debo confesar que escribo desde la estupefacción, la tristeza y la absoluta desesperanza. Leí en algun trino que los paramilitares jamás se habían ído, y que ahora tan solo actúan sin el arropo de la clandestinidad. Ahí hay contundencia total.
Y entonces, es claro que el cinismo de ese actuar se sustenta en las modificaciones políticas recientes de este país, con el cambio de gobierno que se empezará a consolidar el próximo veinte de julio, y se afianzará con la posesión presidencial el siete de agosto.
Los resultados electorales de la segunda vuelta sin duda hicieron pensar en una serie de oleada de nuevas violencias, y fueron los pronósticos de muchos -no solo los míos-, pero debo admitir que no esperé que fuera algo tan rápido, contundente, sistemático y sinsentido desde mi entender. Me resulta clarísimo lo que la historia de este degradante conflicto colombiano nos ha mostrado respecto de lo inescrupulosa y contundente que resulta la acción de la violencia, el homicidio, la muerte; pero entonces, realmente, y en ese orden de ideas, siento que somos una minoría la que cree en otras posibilidades, en el pacto de la Habana, en la posibilidad de una paz que se pueda consolidar afianzando el post conflicto. Eso asusta.
Desde la acción o la omisión e indiferencia muchos resultamos legitimando estos hechos que asaltan continuamente a los territorios, y sus vulnerables y desprotegidos habitantes que guardan su esperanza en un mañana diferente para sus hijos, y que de seguro se frustrará, porque la muerte deja una estela de dolor y deseo de venganza que , sin una canalización apropiada solo devendrá en nuevas violencias, siempre recicladas, pero sobre una misma base: el problema agrario colombiano, la tenencia de la tierra. Y es desde allí donde parte toda la cacería de brujas anticomunista en la que se han montado para preservar los 'valores' de esta sociedad narcotizada, que seguramente además devendrá en eliminación sistemática no solo de rojitos y zurdos, sino también de putas, homosexuales, transgénero y demás personas que desde su sola presencia atenten contra las débiles bases morales de las 'gentes de bien' que detentan el manejo de los diferentes poderes, del régimen, por lo que les surge la idea falsa, pero cristalizable, de disponer de la vida de quienes los incomodan.
Por ello, y a pesar de que seguramente estas líneas pocos las leen, hago un reclamo a usted, gentil lector, para que examine su reciente voto, y piense si realmente cree haber tomado la decisión adecuada, y más aún, teniendo en cuenta las cosas que suceden, que sin duda son apenas una introducción de las duras realidades que como país, y de forma directa o indirecta, tendremos que enfrentar.
Cierro este texto bajo la premisa del carácter sagrado e inviolable de la vida, y de la lucha por su preservación como una forma de sabernos más humanos, alineados con nuestro momento histórico, de preservación, sanación y diálogo con lo que nos rodea alrededor de 'bios', porque la vida no solo es humana. La invitación es a la reflexión, y además a una apropiación del dolor del otro, para permitirnos hacer parte de las realidades profundas que deben ser cambiadas en pos de una apuesta sustentada en el cambio y la superación de esta espiral teñida de la sangre de los optimistas y luchadores. Hay que proteger lo alcanzado, profundizar el post conflicto, velar por las víctimas en su vida (para no tener que velarlas), y buscar la consolidación de escenarios que permitan estar más cerca de los anhelos de paz.
Y entonces, es claro que el cinismo de ese actuar se sustenta en las modificaciones políticas recientes de este país, con el cambio de gobierno que se empezará a consolidar el próximo veinte de julio, y se afianzará con la posesión presidencial el siete de agosto.
Los resultados electorales de la segunda vuelta sin duda hicieron pensar en una serie de oleada de nuevas violencias, y fueron los pronósticos de muchos -no solo los míos-, pero debo admitir que no esperé que fuera algo tan rápido, contundente, sistemático y sinsentido desde mi entender. Me resulta clarísimo lo que la historia de este degradante conflicto colombiano nos ha mostrado respecto de lo inescrupulosa y contundente que resulta la acción de la violencia, el homicidio, la muerte; pero entonces, realmente, y en ese orden de ideas, siento que somos una minoría la que cree en otras posibilidades, en el pacto de la Habana, en la posibilidad de una paz que se pueda consolidar afianzando el post conflicto. Eso asusta.
Desde la acción o la omisión e indiferencia muchos resultamos legitimando estos hechos que asaltan continuamente a los territorios, y sus vulnerables y desprotegidos habitantes que guardan su esperanza en un mañana diferente para sus hijos, y que de seguro se frustrará, porque la muerte deja una estela de dolor y deseo de venganza que , sin una canalización apropiada solo devendrá en nuevas violencias, siempre recicladas, pero sobre una misma base: el problema agrario colombiano, la tenencia de la tierra. Y es desde allí donde parte toda la cacería de brujas anticomunista en la que se han montado para preservar los 'valores' de esta sociedad narcotizada, que seguramente además devendrá en eliminación sistemática no solo de rojitos y zurdos, sino también de putas, homosexuales, transgénero y demás personas que desde su sola presencia atenten contra las débiles bases morales de las 'gentes de bien' que detentan el manejo de los diferentes poderes, del régimen, por lo que les surge la idea falsa, pero cristalizable, de disponer de la vida de quienes los incomodan.
Por ello, y a pesar de que seguramente estas líneas pocos las leen, hago un reclamo a usted, gentil lector, para que examine su reciente voto, y piense si realmente cree haber tomado la decisión adecuada, y más aún, teniendo en cuenta las cosas que suceden, que sin duda son apenas una introducción de las duras realidades que como país, y de forma directa o indirecta, tendremos que enfrentar.
Cierro este texto bajo la premisa del carácter sagrado e inviolable de la vida, y de la lucha por su preservación como una forma de sabernos más humanos, alineados con nuestro momento histórico, de preservación, sanación y diálogo con lo que nos rodea alrededor de 'bios', porque la vida no solo es humana. La invitación es a la reflexión, y además a una apropiación del dolor del otro, para permitirnos hacer parte de las realidades profundas que deben ser cambiadas en pos de una apuesta sustentada en el cambio y la superación de esta espiral teñida de la sangre de los optimistas y luchadores. Hay que proteger lo alcanzado, profundizar el post conflicto, velar por las víctimas en su vida (para no tener que velarlas), y buscar la consolidación de escenarios que permitan estar más cerca de los anhelos de paz.
Comentarios
Publicar un comentario