...¿coherencia?...
Retomar por enésima vez el
ejercicio de la escritura, como mecanismo para canalizar hechos, sentimientos,
respuestas atoradas y probablemente palabras maldicientes simplemente pensadas,
o hasta contenidas en el pescuezo por mera cortesía, pero que necesitan la luz,
el parto, la vida, y que evitando parecerse a flujos tales como mocos o baba
que no merecen más que un pañuelo posteriormente tirado a la basura, prefieren,
estas palabras, aguantar un poco más la respiración y lograr colarse por los
ases de luz que se ven cada vez que este badulaque intenta escribir.
Y aunque la contención
generalmente se ha construido sobre cotidianidades, respuestas, y cacharros en
general, no podría hacerme ajeno al contexto, al lugar, a lo que ocurre a mi
alrededor, y a la sorpresa que, aún a pesar de un fenómeno repetitivo, me llega
generar la respuesta, la afirmación y la identidad política de las personas que
me charlan de vez en cuando, en medio de vapores de tinto y vaho de empanadas y
pasteles.
Los últimos acontecimientos políticos
de la ciudad han generado todo tipo de respuestas, opiniones, acciones,
críticas y venias. Claro, todo ello en el marco de la opinión pública, una que
se diseña, se hilvana, colorea, recorta y pega, como los monitos de los niños
en el colegio, pero que rara vez puede considerarse libre de toda
direccionalidad…esa que construyen noticieros, opinómetros, radio y picantes,
bellxs y sagaces periodistas, comentaristas y lagartos con méritos, que con su
carreta simplemente permiten construir discursos en labios abiertos a mentes
haraganas que repiten y repiten lo que oyen, al cual más ejercicio litúrgico de
domingo en misa, y quizá también, a ejemplo de la misa, sólo lo dicen, no lo
interiorizan, y mucho menos, por ende, lo ponen en práctica.
Cuando uno viene desde Candelaria
la nueva, a pie –porque no tuvo para el bus-, cuenta monedas y pide tintico
rebajado y buñuelo, se pone a charlar con el vecino que despacha, y cada cierto
tiempo mira fuera, como quien espera a alguien, uno no se imaginaría que en esa
angustiada cabeza, llena de ideas y preocupaciones económicas y limitaciones
salariales, hubiera espacio para pensar, como todo un gran estadista, en los
rumbos de la ciudad, del país, de la patria. Y no es porque esta persona,
jodida pero contenta, no pueda ser y pensar y hacer política…el merequetengue
se basa en la visión que tiene, y como esa visión no tiene nada que ver con sus
realidades, con sus necesidades, con lo que es.
Si veo a Pepita Mendieta llegar,
pedirle a su chofer que la espere, bajar de su carro, tomar finesse con
galletas integrales y entablar conversación, puramente cortés, con el vecino,
pues uno hasta dice: “claro, la señora tiene razón en hablar de las bondades de
la destitución del alcalde, de la necesidad de un Peñalosa, de un policía en
cada esquina, del fin visual del habitante de calle y de la cadena perpetua a
quien roba celulares…del cambio de presidente, por blandengue, y de la crisis
de valores, donde hasta esos, los raritos, pueden andar por la calle tomados de
la mano y sin ningún temor de Dios”. Y no es que la señora tenga la razón en virtud
de una mirada correcta, apropiada o necesaria para la sociedad bogotana y
colombiana…Pepita Mendieta tiene “la razón”, “su razón” toda vez que habla
desde su ángulo, sus comodidades y los asuntos que la ponen a pensar…Ella no
piensa en el dinero del diario, ella piensa en otras cosas, como la revista, el
club, las acciones, los invitados, la cena, el cambio de Carulla por el éxito,
y quizá las próximas inyecciones de botox…Hasta ahí, todo parece normal,
sensato, coherente. Sin embargo, cuando Juana Pérez habla de la misma forma que
Pepa Mendieta, a pesar de encontrarse en orillas opuestas, pues carajo…hay que
pensar por qué pasa eso!
Las razones son múltiples, y se
puede tejer un amplio espectro que va desde la réplica mecánica hasta el
convencimiento serio y la identificación con propuestas, modelos económicos y
asuntos estéticos que distan mucho de lo que se es. Sin importar el por qué, en
este momento, es impresionante y un poco tenebroso, que personas jodidas pero
contentas hablen de las maravillas que representa el retorno al poder de esas
extremas derechas, desde el congreso, y la necesidad de convertirlas de nuevo
en presidenciables…¿es que la gente no mira del carapacho hacia adentro? ¿ que
no miran sus condiciones, sus zapatos, sus médicos, su comida, jardines, colegios,
escuelas, busetas?
No soy Petrista, no me interesa
serlo, y quienes me conocen saben cómo es mi enredada y díscola cabeza. Sin embargo,
uno sí está en la necesidad de pillarse reconocerse, aceptarse y ver a su
alrededor, situarse en un contexto, en un espacio, en un tiempo, con olores,
sabores, colores y, saber eso que implica, velar por sus necesidades, sus intereses
y ser capaz de hablar por uno, por lo que es y lo que siente…eso se ve en las
luchas de comunidades y entonces la maricada es más válida que hace un tiempo,
porque se pillaron, y reivindicaron lo que son. Ahora, que alguien jodido se
dedique a velar por los intereses de una élite que seguramente lo mira con
desdén y si acaso lo tiene en cuenta para hacer caridad pues, deja mucho que
pensar, de lo que somos, pensamos y sentimos…de la perdurabilidad de la casta,
de la colonia, de la jerarquía, del orden natural de las cosas…de la
religiosidad de nuestro pueblos…en últimas, estas líneas simplemente reclaman
un poco de coherencia, solo un poco, la suficiente para evitar que el vecino
quede estupefacto en medio de la conversación.
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