Ojo!...el ácido se puso de moda!
Suele
ocurrir que uno se sienta frente a este tiesto y las ideas no fluyen, si no que
se apelmazan, se esconden en esos rinconcitos de la cabeza…allá donde
escasamente se suele pasar la escoba a fin de año, así como las señoras, cuando
barren debajo de las camas el día de año nuevo. Y cuando eso sucede pero a uno
lo asalta de repente de la necesidad de escribir, se apelan a diversos y
variopintos recursos, terminando a veces en los menos esperados, a pesar de
parecer los realmente más predecibles…Y esa cuestión sucedió esta mañana: me le
copié el tema a “la W”.
Y entonces
en la mesa de trabajo salen muchas cosas y resultan diciendo que el tema está
relacionado con la violencia y su relación con el lío de la educación. Pero no
es cualquier tipo de violencia, sino la que está de moda, la de ácido, la de
los ataques “premeditados”... esa de la que tod@s hablan.
Entonces,
cuando uno escucha el radio y las opiniones de la mesa y de los oyentes,
también entra a opinar, desde la individualidad y el silencio de lo propio, del
yo…del refunfuño, la gruñidera y el diálogo casi que establecido con el radio,
y que en el más exitoso de los casos resulta una interesante conversación de
vari@s. Ese no fue mi caso. Pero, reflexioné ante el tema y, aunque apenas
ahora puedo hacer estas anotaciones, salieron varias cosas que me gustaría
hilvanar con algún tipo de sentido.
La
violencia evoluciona. El desarrollo, el progreso, la tecnología, la ciencia,
casi siempre en el transcurso de la historia han estado ligados a los
conflictos, a la violencia, a la guerra. De hecho, de ahí vienen los sistemas,
para no ir tan lejos. Entonces, que nos hace pensar que en estos tiempos tan
convulsos, vertiginosos, informáticos y de comidas rápidas los mecanismos de
agresión al otro se van a mantener estáticos. Aunque la piedra, el palo, el
machete, y desde luego las manos, continúan funcionando como instrumentos para
dañar a un rival, por diversos motivos (irrelevantes para esta reflexión), la
inventiva y ocurrencia, alimentada por la necesidad del mayor dolor posible infringido
obligan a otro tipo de prácticas, más tortuosas, de larga duración, de altísimo
impacto; y por qué no apelar a la historia: estiramientos, empalamientos,
desmembraciones…se adaptan al contexto y, estuvo! Llega la motosierra, la gente
picada, violaciones, mutilados, y una serie de vejámenes espantosos que logran
cumplir con su objetivo agónico.
Sin
embargo, qué pasa cuando la marca trasciende el dolor físico, y es capaz de
dejar huella, una imborrable, sin mencionar aún los daños psicológicos,
emocionales, morales, afectivos y demás…Se pillan el ácido! Imagínense el
altísimo impacto que eso produce, la facilidad de su desarrollo y la
contundencia de la acción. Desde la óptica del agresor, ese es EL GOLPE.
Ahora,
preguntarse sobre el por qué de estas acciones, la inconciencia que traen
consigo, la frialdad que ha alcanzado el ser humano en una sociedad, “la maldad”
inherente que puede existir en el género humano… y tantas y tantas otras
posibilidades de tejer categorías que permitan el análisis están asociadas a un
par (quizá de más de dos) de variables que son las que conducen a mi siguiente
tópico: Educación – Valores y Economía.
La
variable de economía no obedece únicamente a la posibilidad de comprar una
botella de ácido, o la facilidad de conseguirla en una tienda de químicos del
centro de la ciudad (para el caso bogotano); sino a toda la cadena de
costo-beneficio que se construye al pensar en un ataque de ese orden. Cuestiones
de un tipo penal inexistente que contribuyen a un castigo judicial no tan
severo, acompañadas de la facilidad de la compra, así como delas posibilidades
de administración del químico, hacen que una acción de estas esté al alcance de
cualquiera. No es necesario tener determinadas características físicas en
términos de fuerza, masa muscular, estatura y otras para rociar con ácido a
alguien…es algo sencillo, y sobretodo contundente, así que, a la hora de
sopesar las cosas, pues 8 o 10 años de cárcel no son nada cuando se jode a
alguien de por vida.
Pero,
el merequetengue de este asunto es el sobredimensionamiento de una afrenta, por
un lado, y la extraña idea que en algún momento tenemos tod@s, de ser jueces,
de condenar, de calificar el peso de las acciones con una exactitud, inclinando
la balanza del lado propio bajo la sombra de una equidad absurda que solo se
sustenta en un deseo de venganza, de “justicia”, de “equilibrio”. Esto me
conduce al último tópico, en el que, por fin, responderé a la pregunta de “la W”
El
tema de la educación, de los valores, de la ética, no es un asunto de otras
épocas, no creo que sea una cuestión de segunda importancia, pero sí es un
delicadísimo punto que, de una u otra forma se reduce, se limita, se maneja, a
mi criterio de una forma errada. He aquí mi punto de vista:
Educarse
sobrepasa los límites de la escuela, de la casa, y más en este contexto
globalizado, de redes sociales, de series de matones y putas en televisión, y
de noticias de picaderos humanos en Buenaventura… En todos los escenarios se
aprende, se observa, se concluye, se imita y por sobre todo, se interioriza. En
espacios tan despersonalizados, fríos, individualizados e impregnados de tanta
violencia, es casi que predecible la frialdad de las personas frente a la
agresión al otro, indistintamente que sea un igual, superior, o con más veras
inferior… somos una humanidad deshumanizada! No en balde logra hacer, en muchos
casos más mella la muerte de un perro o alguna cuestión animal en general[1]
que la de asesinatos, masacres y todo tipo de violencia entre humanos… uno se
va acostumbrando, lo interioriza.
Asimilar
esto, claro está, se facilita porque generación tras generación los códigos
éticos y las escalas de valores han cambiado, y es acá básicamente donde señalo
el problema en la concepción de los valores, de la ética, de la construcción de
bases axiológicas sólidas y que posibiliten formar lazos sociales democráticos,
pluralistas, tolerantes, o en el peor de los escenarios, respetuosos del otro.
Por
muchos años la religión, los curas, el catecismo estuvieron metidos hasta en la
sopa, y esto permitió que, desde su intervención en la educación, tuvieran la
capacidad de modelar los comportamientos sociales, los valores públicos y
privados, en una simbiosis perfecta que genera una clarísima confusión entre
ética y moral, y que creó por generaciones la idea según la cual son la misma
cosa, permitiendo que el código ético del ciudadano colombiano fuera a la vez
el del buen católico, y que en últimas el sustento de los valores fuera el
ánimo pío de la nación. En los últimos tiempos el ánimo religioso se ha
modificado sustancialmente, permitiendo la inclusión de otras ideas, el respeto
por la distancia frente a las instituciones religiosas y sobre todo una diferencia
clara, que parte de la separación Iglesia – Estado, pero que en el tema de los
valores se ha quedado corta. Y esto es así toda vez que estos imaginarios se
han mantenido culturalmente pero, con la ausencia del espíritu religioso,
inculcar valores se queda sin piso, pierde sentido y, es allí donde creo está
el meollo del problema. Resulta necesario construir códigos sociales que nos
permitan pensar e interiorizar ese esquema de valores del que se adolece, pero
no tomando viejas recetas, ni sacando a colación apolilladas estructuras que
parten del señor Carreño o de Gaspar Astete…NO! Hay que construir una ética del
respeto, de la tolerancia, una que permita coherencia, posibilidad de dirimir,
de tener límites y reparos a la hora de infligir un daño, una que permita
conservar la dignidad humana en todo o por lo menos un amplio sentido de lo que
la categoría indica. Y no es que teja mundos ilusos donde no exista la
controversia, el conflicto, la violencia, ya que, de una u otra forma, esa se presenta
como una de las salidas para dirimir conflictos, para ajustar cuentas, para
joder al otro; este es un asunto de límites, interiorizados…es una cuestión
así, como que en otras épocas llamarían : “tener temor de Dios”
*Picaset:
Debo hacer la aclaración que este tipo de violencia no es de carácter selectivo,
no es de género; se ha aplicado a hombres y mujeres y bueno, por ahí andan las
encuestas, para que las pillen y se hagan a una idea. La mejor fuente posible a
consultar la da Medicina Legal.
[1]
Hago la aclaración que no tengo nada ni contra los defensores de los derechos
animales ni contra los mismos animales, por el contrario amo los animales y los
respeto, y valoro estos inmensos esfuerzos en aras de procurarles espacios
dignos y hábitats acordes a sus necesidades.
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