De los 65 años de Los Melódicos

 Mantenerse vigente en el ambiente musical es complicado, casi tanto como lograr entrar exitosamente en el. Existe allí una mezcla de olfato e intuición así como una capacidad analítica particular para leyendo las tendencias saber a dónde apuntar. Entender el mercado, dicen los que saben. Pero hay ahí también definición de concepto, identidad, buenas relaciones y la energía que permita dar vuelcos violentos con el arrojo necesario para no fracasar en el intento. Ese fue el objetivo, el "sueño de muchacho" que tuvo Renato Capriles al fundar una orquesta en una efímera sociedad con Billo Frómeta para cubrir el vacío de un ambiente huerfano de la Billo's...¡Y le fucionó! Pero cuado Billo regresa con todos los hierros la consigna cambia, porque hay que sonar diferente, y se crea un estilo que supo definir claramente Stelio Bosch Cabruja que además incluía hacer honor al slogan de "la orquesta que impone el ritmo". Tenemos allí un repertorio con los  ritmos de moda en un momento de transformaciones musicales de la música del Caribe: jala jala, boogaloo, pachanga, ademàs de los tradicionales danzones, guarachas, sones y boleros; la mirada hacia Colombia que permitió incluír porros, cumbias, paseos, paseítos; la respuesta de los Mosaicos de Billo en los Recuerdos -que tuvieron una línea bien definida hasta el 15-, y la joya de la corona: El pompo, no sólo como canción, sino como ritmo. 

Cantantes experimentados en su momento, porque hay que señalarlo, no fueron escuela sino muchos años después. Víctor Piñero y Manolo Monterrey se llevan la delantera en ese sentido. La primera mujer en los bailes, importada y llena de carisma: Emilita Dago, que aún suena en algunas emisoras de corte popular. Luego la posibilidad de empezar a formar y proyectar figuras: Verónica Rey, Óscar Santana, Perucho Navarro ya luego de una década harían pensar en un proyecto solido, creciente. Pero llegan las discotecas, los combos y tambalean los grandes formatos. Cambio de sonido, colombianización del repertorio y así se da la década del 70. La muerte de Víctor Piñero también deja una marca en la historia de la orquesta y en los objetivos de Capriles para su tren delantero. Se marca una década de plenas ventas y popularidad en Colombia.

Llega el merengue, los 80's, la música disco, y un relevo generacional que trae consigo cambios como formula de supervivencia con una transformación sonora que antecede la celebración de los 30 años de existencia y da una enorme bocanada de oxígeno. Es el tecnomerengue. Papachongo, Fernanda, Mi cocha pechocha. Hay una ruptura con el pasado, pero una explosión de popularidad en el gusto del público joven que abre otras puertas de mercado, no sólo en fans sino en latitudes a visitar y comercializar los fonogramas. Llega la lambada, llega Liz. Zúmbalo y Mi corazón se pegaron y se vendieron, y ya vamos en la década del noventa. La consigna se mantiene. En Colombia, luego de estos temas no se logró pegar nada, pero las giras son infaltables al menos dos veces al año, igual que en Estados Unidos y ocasionalmente algunos países de Centroamérica, además del mercado local...Y luego de 40 años, es una tremenda ganancia. 

Pero se siguió grabando y tocando, y la continuidad en la trayectoria le permitío a Renato además de publicar su disco #100 celebrar los 50 años de la agrupación, para posteriormente hacer uso de buen retiro unos años después, permitiendo que la batuta fuer asumida por una de sus hijas: Iliana, quien siempre tuvo algo que ver con la orquesta desde Arranca en Fa producciones y quen sin duda supo interpretar acertadamente la consigna básica en Los Melódicos: estar a tono con el mercado. Nuevo logo -el viejo refrescado-, nuevo repertorio sin desconocer los cásico y un diálogo constante con los medios sumado s la búsqueda constante de plazas y la visibilidad que permita llegar al punto que hoy me motiva a escribir. 

Faltan detalles, cantantes, y muchas especificidades que dan para una literatura de la que infortunadamente adolece la historia de la orquesta y con la cual confieso me siento en deuda, una que espero saldar proximamente. Sin embargo, y luego de este ligerísimo brochazo extiendo mi afectuoso abrazo a todos los componentes de Los Melódicos, agradeciendo por su compañía sonora en estos andares y por contribuír, sin saberlo, a que exista Almendra. Y que hayanMelódicos para rato...porque me dicen que lo viejo es malo, y yo le digo a usted que no. 

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