Del resultado de Milei

 Argentina tiene una historia reciente tan particular, cargada de tensiones, lucha social, resistencia y dignidad que contrasta con una realidad sorprendente dada la respuesta de las urnas el día de ayer y la victoria de Milei. Hastío, riesgo, convicción...no sé, pero está claro que aunque vayan a existir condiciones políticas y legales que contengan sus propuestas, el sólo saber que un discurso negacionista de la barbarie en la dictadura militar haya gozado de semejante aprobación ya da para cuestionarse. Pero ese asunto debe plantearselo más que nadie la sociedad argentina. 

Sin embargo es lógico que tales resultados generen efectos, opiniones y análisis respecto del clima político y los efectos prácticos en la región de cara al futuro reciente. Hay una suerte de consenso con la idea de una izquierda* desgastada y sin mayor credibilidad a nivel general, y el campanazo de alerta que ello representa específicamente para el caso colombiano, llegando a asociar los resultados de las recientes elecciones regionales con el triunfo de Milei. ¡Qué desproporción!

No ha pasado tan siquiera la mitad del primer periodo presidencial de un gobierno nacional de corte progresista que ha gozado de escasa maniobrabilidad, y este año y medio corto no es comparable desde ningún punto de vista con los procesos argentinos ni temporal ni estructuralmente.

Es fácil caer en la simpleza analítica y argumental, lo que pretende la "prensa libre" en Colombia, anticipando un futuro próximo de libertarios en la política de manera contundente y figuras como Maria Fernanda Cabal en un escenario electoral para las próximas presidenciales -con el peligro que ello representa en materia de libertades civiles y protección de derechos-, y cuya evitabilidad está asociada a la capacidad que tenga el actual gobierno de ceder ante las reformas (laboral, pensional, de salud, agraria) por las que fue elegido. Y el escenario de Cabal presidenciable es altamente probable, pero no sólo como respuesta a un progresismo incapaz de satisfacer de manera efectiva las necesidades de la sociedad desde las polìticas públicas, sino como la suma de factores catalizados constantemente por un ejercicio informativo de tintes apocalípticos que, cargado de desesperanza conduce los imaginarios colectivos al imperativo de la fuerza y el orden sobre los derechos y las libertades, obviando el tema estructural de la tierra y del conflicto (PORQUE ACÁ TAMBIÉN HAY NEGACIONISMO) allanando el camino a un retorno al manejo del Estado por parte de las élites tradicionales. 

Ahora bien, no desconozco la necesidad de una constante autocrítica y un mea-culpa necesario al interior del progresismo, pero no como efecto Milei sino producto de la reflexión constante necesaria cuyo resultado debe ser práctico, entre otras, para reorganizar los procesos que se llevan a cabo y, que más allá de la negociación burocrática tradicional, puedan reflejar el comienzo de un proceso transformador de la politica nacional, que entre otras permita visiblizar los liderazgos necesarios para hacer de este un proceso de largo aliento. De lo contrario esto será como la canción "Debut y despedida"


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