De las marchas del 21 de abril

 Asistimos a un momento interesantísimo en la historia republicana de Colombia: las élites políticas tradicionales convocan a una marcha ante la inminencia de un cambio en la forma como se ha administrado el Estado en los últimos años y lo que ello representa para su supervivencia así como para la articulación que existe entre estas y los poderes económicos en el país. Hubo una asistencia interesante a la convocatoria así como una adhesión aparentemente heterogénea a lamovilización, que sin embargo se destiñe rápidamente al evidenciar la escasa información de los marchantes sobre los móviles de su presencia en la calle. Más allá de repetir un par de consignas desgastadas y sintéticas no existe un ejercicio reflexivo evidente sobre la propuesta de país que se discute en diversos escenarios políticos, no hay consulta, información ni sustrato. Imposible no recordar el referendo por la paz en que sacaron a los votantes a sufragar emberracados.

Resulta altamente positivo que se expresen los sectores en manifestaciones populares, y hagan sus demandas de manera clara y contundente. Pero, más allá de una profunda homogeneidad -hasta cromática, que deja ver el modelo de sociedad que esperan- salta a la vista la ignorancia real sobre las reformas, las propuestas y el interés de las personas aparentemente participativas en las cuestiones de lo público. De todo lo baladí de estas arengas y expresiones hubo una que despertó mi atención y recordó algo que siempre he considerado y desarrollaré a continuación: En Noticias Caracol algún entrevistado de Barranquilla señalaba vehementemente la importancia de la educación como agente transformador de la sociedad y reclamaba porque no habían construído al momento ninguna universidad. Quedé bastante insatisfecho con la manera como concluyó algo que hubiera podido ser prometedor, pero compartí su visión sobre la educación seria y de calidad como un agente transformador real de la sociedad y proyecto de mediano plazo en los procesos que requiere la sociedad colombiana.

Pero esa cobertura educativa debe tener un eje fundamental: la formación de educadores. Pensé en el papel de la UPN. La Universidad Pedagógica NACIONAL debe realmente hacer honor a ese estatus y tener una presencia que abarque los territorios pensada para ellos, funcional a sus necesidades, comprometida con la misión de ser un agente transformador real y articulada a los requerimientos de maestros en las veredas, los caseríos y los municipios, con la independencia de cátedra que la debe caracterizar en virtud de la ley, pero que responda a la satisfacción de plazas que detecte el ministerio de educación. 

Hace unos días también ví un pronunciamiento de sectores de la comunidad académica que, frente a los anuncios del crecimiento en infraestructura de servicios de educación superior pública solicitaban al gobierno nacional que ellas fueran sedes de la Universidad Nacional, dada su experiencia, trayectoria, estatus y la posibilidad de construír un objetivo común articulado a la calidad académica que la caracteriza. 

Con estos dos esbozos sin duda pudiera germinar algo prometedor para la construcción en algunas latitudes y el fortalecimiento en otras, de la conciencia crítica de la nación. Porque muy chévere salir a marchar, pero vergonzoso no saber por qué se hace y quedar en ridículo frente a cualquier influencer enrevistador. 

Tengo pocas dudas sobre el talante conservador de la sociedad colombiana, pero eso hay que asumirlo argumentalmente y sobretodo con vías y acciones desde la ética y la legalidad, para que no se repita.



Picaset: Hoy CAMBIO en su editorial ya dijo que Julio César Turbay y López Michelsen no eran ni tenían que ver con el narcotráfico, que era una sospecha, un pálpito de la CIA. Curiosa cuestión sobre la cual desde hace mucho se sabía cuál era la realidad. 

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