...¡Volví!
Llevo casi tres años sin escribir, desde mi última entrada que data de septiembre del 2015. Y hay cosas, muchas cosas, que se quedan irremediablemente en el olvido, o en la peor de las oscuridades, por no tomar el tiempo para mí, para descargar tantas y tantas ideas que a veces ordenadas y otras no, se atraviesan en la cabeza de maneras irregulares, coloridas, sombrías, convulsas u ordenadas, pero que reclaman cierta presencia, huella, y hasta catarsis frente a la angustia misma que representa vivir.
Este espacio poseía un título sugestivo, un poco chabacano -sin duda alguna-: "pajasos mentales de madrugada". Sin embargo, me detengo a observar que resulta no solo pretencioso, sino temporalmente vinculante el asunto de escribir a la madrugada...y ya no lo quiero hacer, no solo porque poco trasnocho, sino porque prefiero escribir en el momento que tanto me venga en gana como que pueda hacerlo. Por ello mismo encontré en la simpleza de "reflexiones atoradas" una posibilidad acorde con mi realidad; esa que me enfrenta a la inexistencia de un interlocutor, un compañero o compañera de charla a quien contarle mis ideas, con quien socializarlas y hasta confrontarlas, lo que me conduce a este ejercicio de monólogo, uno escrito, uno que de alguna forma me permite exteriorizar las cosas que se me ocurren, sin -demás está decirlo- la pretensión de ganar lectores. Si los hay, agradezco su bondad y generosidad al leer las tres o cuatro cosas que ocasionalmente se me ocurran.
Todo esto es una razón para procurar retomar la escritura, de nuevo. Mi holgazanería quizá me lo impida de forma regular pero, trataré de ser medianamente consistente con este ejercicio, que por lo menos no me generará un desgaste físico que devenga en sudor y buen abdomen, pero que me hará sentir un poco más libre, a la vez que generará un compromiso al hacerme el único autor de unos textos que para mal o para bien se hilvanan exclusivamente entre mi cabeza y la forma en que coherentemente busco escribir lo que de ello quede.
Pero, regresar acá tiene un motivo específico. Uno del corazón. El agotamiento que generan los quereres hace tan sombríos los momentos de la vida y nubla de cierta forma las ideas y las sensaciones que podría jurar que los domingos se hacen más largos y tristes de lo que generalmente pueden llegar a ser.
Sin embargo, creo que escribiendo puedo catalizar un poco, y de forma positiva la desazón tan grande que me deja este momento específico de mi vida. La experiencia en esta materia no ha sido del todo satisfactoria para mí, ni larga en el tiempo, y la calidad de mis relaciones, debo aceptarlo, es poco menos que mala. Estoy seguro que no es mi maricada la que establezca semejantes resultados, ya que nunca he considerado la orientación sexual como un factor determinante dentro de las dinámicas que se establezcan entre dos personas que se sientan atraídas la una por la otra; pero lo que sí pienso justo en este momento, es que generalmente esa atracción se ha sentido más fuerte de mi parte, es decir, no he gozado de una correspondencia plena, y eso es la base de estos líos en el fondo tan pendejos.
La cotidianidad creo que es la base de unos lazos fuertes, de vínculos, de cercanías, de afectos. Saber qué pasa con la vida y las cosas de otra persona que nos interesa, a la vez que compartir nuestras cosas -aparentemente simples- nos deja en un escenario común, de proyectos, intereses, y preocupaciones que vinculan, articulan y acercan. El lío surge cuando uno, en buena onda lo espera, y no sucede así, y debe entrar a preguntar, a indagar, a usar el tirabuzón para sacar tres o cuatro palabras mientras uno, como un idiota deslenguado relata sueños, aspiraciones y sentimientos, para a la postre entender cuan imbécil y ridículo puede posar ante los ojos de alguien más al expresar esas cosas que realmente a nadie mas que a uno deben interesarle. Sin duda alguna uno se siente demasiado estúpido, sin señalar la frustración que deja ese reiterado paso en falso. Pero, además me queda esa reflexión sobre el fin de un imaginario comunitario, colectivo, común. Los sueños veo que resultan totalmente individuales, basados en lógicas de competencia y no de apoyo y solidaridad. En esa incapacidad de sentir por otro, de asumir posturas que permitan identificarse con el dolor o la alegría ajena y hacerla propia...Y la verdad, eso también es triste, quizá mucho más, porque es fondo y no forma.
A pesar de todo ello, y de sentir que tal vez esté cerrando un ciclo, no cierro las puertas a lo común, a lo compartido, a los amores, los romances y la emoción de una complicidad basada en el apoyo al otro, a sus necesidades, frustraciones, sueños y anhelos, así como a asumir lo de alguien más como propio, porque desde mi lectura, creo que una de las mayores satisfacciones es la de ver a quienes queremos lograr sus anhelos y más aún si sentimos que de una u otra forma contribuímos a ello.
Por eso, mi invitación y apuesta es a tener esa posibilidad de querer, de sentir y soñar no solo como individuos, sino también por otros. A condolernos del dolor ajeno y emocionarnos de la victoria del otro. Hay mil cafres indolentes, parcos y ajenos a ver a un lado u otro, pero creo que es más chévere reír y soñar deliciosamente acompañados.
Este espacio poseía un título sugestivo, un poco chabacano -sin duda alguna-: "pajasos mentales de madrugada". Sin embargo, me detengo a observar que resulta no solo pretencioso, sino temporalmente vinculante el asunto de escribir a la madrugada...y ya no lo quiero hacer, no solo porque poco trasnocho, sino porque prefiero escribir en el momento que tanto me venga en gana como que pueda hacerlo. Por ello mismo encontré en la simpleza de "reflexiones atoradas" una posibilidad acorde con mi realidad; esa que me enfrenta a la inexistencia de un interlocutor, un compañero o compañera de charla a quien contarle mis ideas, con quien socializarlas y hasta confrontarlas, lo que me conduce a este ejercicio de monólogo, uno escrito, uno que de alguna forma me permite exteriorizar las cosas que se me ocurren, sin -demás está decirlo- la pretensión de ganar lectores. Si los hay, agradezco su bondad y generosidad al leer las tres o cuatro cosas que ocasionalmente se me ocurran.
Todo esto es una razón para procurar retomar la escritura, de nuevo. Mi holgazanería quizá me lo impida de forma regular pero, trataré de ser medianamente consistente con este ejercicio, que por lo menos no me generará un desgaste físico que devenga en sudor y buen abdomen, pero que me hará sentir un poco más libre, a la vez que generará un compromiso al hacerme el único autor de unos textos que para mal o para bien se hilvanan exclusivamente entre mi cabeza y la forma en que coherentemente busco escribir lo que de ello quede.
Pero, regresar acá tiene un motivo específico. Uno del corazón. El agotamiento que generan los quereres hace tan sombríos los momentos de la vida y nubla de cierta forma las ideas y las sensaciones que podría jurar que los domingos se hacen más largos y tristes de lo que generalmente pueden llegar a ser.
Sin embargo, creo que escribiendo puedo catalizar un poco, y de forma positiva la desazón tan grande que me deja este momento específico de mi vida. La experiencia en esta materia no ha sido del todo satisfactoria para mí, ni larga en el tiempo, y la calidad de mis relaciones, debo aceptarlo, es poco menos que mala. Estoy seguro que no es mi maricada la que establezca semejantes resultados, ya que nunca he considerado la orientación sexual como un factor determinante dentro de las dinámicas que se establezcan entre dos personas que se sientan atraídas la una por la otra; pero lo que sí pienso justo en este momento, es que generalmente esa atracción se ha sentido más fuerte de mi parte, es decir, no he gozado de una correspondencia plena, y eso es la base de estos líos en el fondo tan pendejos.
La cotidianidad creo que es la base de unos lazos fuertes, de vínculos, de cercanías, de afectos. Saber qué pasa con la vida y las cosas de otra persona que nos interesa, a la vez que compartir nuestras cosas -aparentemente simples- nos deja en un escenario común, de proyectos, intereses, y preocupaciones que vinculan, articulan y acercan. El lío surge cuando uno, en buena onda lo espera, y no sucede así, y debe entrar a preguntar, a indagar, a usar el tirabuzón para sacar tres o cuatro palabras mientras uno, como un idiota deslenguado relata sueños, aspiraciones y sentimientos, para a la postre entender cuan imbécil y ridículo puede posar ante los ojos de alguien más al expresar esas cosas que realmente a nadie mas que a uno deben interesarle. Sin duda alguna uno se siente demasiado estúpido, sin señalar la frustración que deja ese reiterado paso en falso. Pero, además me queda esa reflexión sobre el fin de un imaginario comunitario, colectivo, común. Los sueños veo que resultan totalmente individuales, basados en lógicas de competencia y no de apoyo y solidaridad. En esa incapacidad de sentir por otro, de asumir posturas que permitan identificarse con el dolor o la alegría ajena y hacerla propia...Y la verdad, eso también es triste, quizá mucho más, porque es fondo y no forma.
A pesar de todo ello, y de sentir que tal vez esté cerrando un ciclo, no cierro las puertas a lo común, a lo compartido, a los amores, los romances y la emoción de una complicidad basada en el apoyo al otro, a sus necesidades, frustraciones, sueños y anhelos, así como a asumir lo de alguien más como propio, porque desde mi lectura, creo que una de las mayores satisfacciones es la de ver a quienes queremos lograr sus anhelos y más aún si sentimos que de una u otra forma contribuímos a ello.
Por eso, mi invitación y apuesta es a tener esa posibilidad de querer, de sentir y soñar no solo como individuos, sino también por otros. A condolernos del dolor ajeno y emocionarnos de la victoria del otro. Hay mil cafres indolentes, parcos y ajenos a ver a un lado u otro, pero creo que es más chévere reír y soñar deliciosamente acompañados.
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