De las fiestas “patrias”

 

Los lugares comunes, el origen y los lazos que se pueden construir en torno a ello. Formar una identidad y sobretodo la pertenencia a un espacio. Del terrum patrum básicamente, o la tierra del padre, es de donde surge la noción de patria.

Ahora bien ¿por qué no puede ser la tierra de la madre la que nos conecte a un núcleo común, ancestral y originario que dote nuestra identidad frente al resto del mundo? En últimas el conocimiento de la tierra, sus propiedades y características, por ser dadora de vida en sí misma, está más asociado al rol de la mujer a través de la historia; la mujer como madre, como cuidadora, como fértil. Quizá también por eso las certezas de la hermandad están dadas en compartir la madre, y no el padre. Y, sin pretensiones de cambiar patria por matria, dejo sentada tal reflexión, aún en el marco del contexto global, donde el terrum patrum es el planeta, pero nuestra matria, sin duda es el lugar de origen que dentro del escenario global nos dota no sólo de identidad sino de pertenencia.

Y frente a este escenario queda el mal sabor de boca frente a fechas como el 20 de julio. ¿Se sustenta nuestra identidad política en unos sujetos acomodados económicamente que sólo buscaban unos puestos en el gobierno de la corona española? Pero además ¿se puede sentir algún ápice de afinidad con una idea de “patria” que segrega, mutila, tortura, asesina y anula?

Estos interrogantes los desarrollaré de forma breve y del último al primero, señalando las siguientes consideraciones: La uniformidad de pensamiento, de valores, idioma, creencias y costumbres es algo decimonónico sobre lo que se pretendió construir país, pero realmente no hay una tierra común del padre, sino que hay una mixtura de paternidades territoriales agrupadas a la fuerza y artificialmente en una unidad política llamada Colombia. Pero como la pretensión fue igualar todo, se anuló lo que no se consideraba “bien”, inicialmente bajo modelos y pretensiones estéticas afrancesadas, luego inglesas, y ya en el siglo XX gringas, para luego entregarse a unas dinámicas propias, traquetas y de valores disolutos y dinero fácil, que es lo que impera ahora, y que continúa invisibilizando adrede lo que es diferente en términos culturales, políticos, sexuales, religiosos, económicos; y en su afán de mantenerse ejerciendo el poder, siempre ha usado la violencia y la muerte como mecanismo efectivo para acallar las voces disidentes. Realmente lo que vemos hoy día no es nuevo, sino que sofisticó de cierta forma sus métodos, a la vez que descaró su accionar en un impudor insospechado. Tal vez sea eso lo que sorprende. En ese sentido, considero muy complicado crear algún tipo de afinidad con tales ideas, porque sinceramente creo que atentan contra la vida misma.

Respecto de la identidad política con el antecedente veintejuliano, creo que ahí se dibuja muy  bien la actuación de muchos actores políticos del presente –y sin duda del pasado- que no son más que manzanillos abocados a la perspectiva de un nombramiento que represente dinero y privilegios, sin contemplaciones de otro tipo, por ejemplo la representatividad partidista, y que también resulta cómplice del estado de cosas descritas al responder la interrogante anterior.

Es por eso que días como hoy resulta válida la bandera al revés, o ni siquiera su izada. Resulta imperativo dar un giro, un cambio, una transformación, ojalá que vaya más allá de la migración para preservar la vida propia. Es compleja la salida, pero al menos podemos definir con algo de claridad, o más bien de forma menos torpe, el barrizal en que nos hallamos, para procurar progresivamente subsanar este desastre.

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