De las putas y sus hijos

 Anoche me encontré con un trino que reivindicaba la maternidad de las putas, invitando a no asociar a sus hijos con tanto deshumanizado, corrupto y carente de ética que anda por ahí. Coincido con la postura. 

Hace un par de años leí "El laberinto de la soledad", y toparme anoche con el trino mencionado trajo el recuerdo de lo chingado, lo violado, lo vulnerado y la condena social alrededor de ello; pero también me hizo reflexionar sobre el papel del cuerpo, de la mujer y del carácter hereditario que posee aquello reprobable desde el punto de vista ético y moral. Sin embargo, no comprendo la relación existente entre los valores de un político corrupto, un sicario, un homicida, un pederasta y los de una puta. ¿Serán omniabarcantes los de ella para cubrir cualquier condena social y a la vez saltar varias generaciones permeando la carga de culpa que le pretenden endilgar?

Usos y costumbres del lenguaje también se deben replantear, y la visión frente a la prostitución sin duda alguna, también. Más allá de tratarse del oficio más viejo de la historia de la civilización, como dicen, la función social de despresurización sexual que cumplen estas trabajadoras debe considerarse en el marco de la salud pública, a nivel físico y mental, dejando de lado juicios moralizantes que competen más al ámbito de lo privado en términos de las relaciones sexo afectivas que cada uno tenga, las consideraciones sobre la fidelidad y otro tipo de tópicos que son los que en últimas han conducido al estigma profundo e interiorizado que sobre las putas se cierne. 

Asistimos a un momento en que los paradigmas sobre la comprensión del cuerpo se han modificado tanto como los valores estéticos y éticos alrededor de él. Formas, texturas, colores y usos, toda la exploración desde lo sensible para su reconocimiento, permiten la reflexión misma sobre el ejercicio de la genitalidad, la sexualidad y el erotismo, los placeres compartidos y la posibilidad misma de monetizar el cuerpo, eso sí, sobre la base fundamental de la autodeterminación para tales oficios. 

Pero acá existe un asunto más violento, asociado al género, porque no es el hijo de puto, sino el de puta un equivalente al personaje réprobo socialmente, entonces además reafirmamos una violencia implícita sobre las mujeres. ¿Qué carajo tiene que ver la madre en los crímenes del hijo? Tal vez una ineficaz formación en valores que devino en hacer del crío un pillo, pero tal disipada ética no es de uso formativo exclusivo de las mujeres dedicadas a prostituir su cuerpo, sino que resulta un fenómeno mucho más complejo, independiente de las ocupaciones maternas y más ligado a los vacíos educativos y axiológicos de toda una sociedad. Y aún con todo ello, colegios caros y renombrados y una aparente educación intachable, tenemos a los más destacados pillos en la dirección económica y política de la sociedad. ¿Creen que las putas tienen algo que ver con eso?

La invitación es a reivindicar ser puto o puta, a quitarle el estigma y ser respetuoso con tal oficio, pero además a dejar de asociarlas con la corrupción social y la lenidad ética de mujeres y hombres que van por ahí jodiendo al prójimo. Es una parte importante de suprimir la violencia contra ellas: dejar de condenar las decisiones sobre sus cuerpos. 

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