De las elecciones de ayer y el debate de hoy.

 

“Nos tocó salir a nosotros a hacer política” fue una suerte de eslogan no sólo de campaña sino de gestión de un representante que no logró renovar su presencia en la Cámara en los comicios de ayer. Jamás estuve de acuerdo con semejante premisa. Ahora salen algunos candidatos a hablar de la desideologización –según ellos necesaria- para el ejercicio político administrativo.

La semana pasada estuve en una alegre tarde de dominó y pasabocas y, la consigna dominante en la mesa de juego era: “Acá no se habla de política”.

Asistimos a un momento para la sociedad y para la humanidad donde la sobreoferta informativa y el acceso al conocimiento deberían ser características de personas capaces de dialogar, debatir, contrastar posturas y respetar las ajenas así no resulten conciliables con las propias. Sin embargo, pareciera que el tiempo no ha pasado lo suficiente y que el relevo generacional dejó una estela de dogmatismo en la forma como se pretende concebir un modelo de organización social. Eso por un lado. Por otro, de no sé cuántos que pueda tener esto, nos ubicamos en un momento de satanización de lo político y la política que hacen de esto y esta un tema  frente al cual se pretenden hacer los desentendidos. También están los que quieren hacerla un ejercicio técnico, estadístico, cuantificable y desprovisto del contenido humano, la postura, las ideas alrededor del modelo económico…El escenario de los tecnócratas.

El hastío frente a la dirigencia política como una constante histórica, manifestado en la abstención, o la complicidad hecha clientelismo, son fenómenos recurrentes en la vida pública colombiana. Realidades concretas características de nuestra sociedad que han configurado un caldo de cultivo perfecto para los tres escenarios planteados anteriormente, y explotados hábilmente por figuras que beben de las mismas fuentes de la política tradicional pero inyectadas con los cosméticos suficientes para posar de renovación idónea que a la postre sólo propone cuestiones de forma pero jamás se atreve a tocar el fondo.

Reflexión necesaria que atraviesa todo este panorama: la necesidad imperativa de hablar de política, comprendiendo que va más allá del lejano funcionamiento del Estado y que incide directamente en la cotidianidad, en la dignidad de la mujer y la salud del anciano o el neonato, la educación del joven y la salud sexual y reproductiva de la adolescente, así como en los planes de compra del empresario y en la opción educativa y laboral del bachiller. Hay que criticar la política, desde una orilla informativa que supere el comentario de corrillo y la efervescencia de los momentos electorales. Ojalá exista un apoyo de otras áreas como la historia, la geografía, la economía, sólo por citar algunas fuentes documentales que robustecen los argumentos y permiten tener un panorama más claro sobre la realidad, a la vez que construír juicios más sólidos y serios que desemboquen en una postura clara, concreta, específica. Porque, afectos lectores, de eso se trata: dotar de ideas esa postura, cargarla de sustento y proyectarla en orientaciones específicas, darle IDEOLOGÍA.

Pilas, gente: no es malo eso. Por el contrario, es supremamente positivo. Asumir posturas y tener pensamiento propio es lejos de ser condenable, un gran avance en la construcción de personas capaces de contrastar puntos de vista sobre diversos temas y necesario para continuar en ejercicios de consenso y disenso que fortalezcan la pluralidad y heterogeneidad tan necesaria en esa premisa democrática que dicen defender pero que en la realidad se les hace aguas. No se dejen engañar con tanta simplicidad, sólo porque algo parece estar de moda.

¡¿Qué chiste es ese de charlar entre iguales?!

Por eso mismo, bienvenida sea la participación y el reconocimiento de figuras como Francia Márquez en el escenario político del país, con una campaña hecha a pulso y que sin duda la hace la gran ganadora de las elecciones del domingo. Una muestra de dignidad, reivindicación y cambio. El camino apenas inicia, y hay que abrirlo con cada paso. Espero que este sea un síntoma positivo que traiga consigo el respeto por la vida de lideresas y líderes cuyas existencias se encuentran en constante riesgo.

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