De los resultados electorales

 Las expectativas eran diferentes, sin duda alguna, y a diferencia de otros momentos, los grandes perdedores de hoy no fueron las firmas encuestadoras. Sin embargo, queda la inquietud respecto al nivel del electorado, sus intereses, afinidades y expectativas. La profundidad con que realmente se sienten identificados respecto de la crisis del país. El Estado aún pareciera ser algo lejano, distante, de esas cosas que son con otros, y de las que a mí no me tocan, al menos directamente. Un nivel de abstención del 46% no es una cifra desdeñable, y el análisis sereno y reflexivo frente a una propuesta de país por parte del 54% participante queda en tela de juicio.

No quiero con ello sugerir que la única propuesta válida fuera la del candidato Gustavo Petro, porque evidentemente existen otras visiones del Estado, la sociedad, la economía. Pero surge la inquietud: ¿Hubo en el debate otras propuestas concretas y detalladas sobre tópicos específicos que apuntaran a una transformación respecto del estado de cosas actual? ¿Hubo acaso una suerte de diagnóstico pormenorizado de la situación del país que generara al menos la idea de la construcción de una agenda de trabajo y un plan de gobierno?

En una entrevista y parafraseando a Gómez Hurtado, éste se refería a la necesidad imperativa de tener propuesta como eje y base fundamental del ejercicio político, cuya ausencia despojaba de sentido tal actuar. La propuesta de país se construye desde la observación, la escucha, la empatía y la posibilidad de pensarlo distinto, apelando a diversas herramientas técnicas y conceptuales que, desde el conocimiento del Estado y sus posibilidades permita su transformación. Eso la hace sólida y robusta. Eso la hace una propuesta. ¿Pero es una muletilla discursiva una propuesta?

Frases contundentes, con tono y aparente carácter, pero huecas. Piezas gráficas estimulantes, videos y un constante dinamismo en las redes sociales. La captura constante de una atención difusa y un escuálido interés por la vida política -bien sea por incomprensión o por apatía- hacen de esta estrategia un éxito del marketing político. ¿Y la propuesta? ¿Existe siquiera?

La segunda vuelta electoral resultado de las votaciones de hoy nos pone en un escenario de reflexión frente a los "fuera de lugar", los "outsiders". Un empresario que incursiona en la actividad política reciente, con escaso conocimiento de la política pública y el funcionamiento de las instituciones y cuyas ideas representan autoridad, orden, inmediatez, y quizá otros tantos valores corporativos, y autodenominado por fuera de las prácticas políticas tradicionales y hasta despolitizado. Ese es, en términos básicos, el boceto que se puede hacer del ingeniero Rodolfo Hernández. En su escasa trayectoria ha dejado ver un desdén por los derechos, los procedimientos, la diferencia, la cultura y lo público, camuflado hábilmente por la efectividad de quien entrega resultados, obras, y hasta se despoja del sueldo propio. ¿Y la propuesta? "Vamos a acabar con la corrupción y los politiqueros y gavillas de siempre" pregona a voz en cuello. ¿Cómo? ¿Y la salud, la economía, el déficit fiscal, las relaciones internacionales, el matrimonio igualitario, el calentamiento global? Y quedan varios etcéteras. El fetiche es acabar con la corrupción y la politiquería.

Discursos vacíos ya se han escuchado, y hasta hecho presidenciables en este país. Miremos a Duque para no ir lejos. Hay valores comunes y hasta métodos de acción. No ha pasado un día y ya se le subieron al bus al ingeniero. No se necesita ser "uribista" para tener acogida ahí, porque existen demasiadas afinidades que seguro dialogarán y llegarán a buen puerto.

Un contraste de propuestas y un debate serio aparentemente serían la salida pero ¿habrá temor al cambio, a la transformación? ¿Nos hemos, como sociedad, acostumbrado a la mala vida y nos asusta la posibilidad de vivir sabroso? Apelar al sentido común es un sinsentido y aterra la posibilidad de la desesperanza, pero confío en que la política del amor, la diversidad, la justicia social y de cara a los retos que nos plantea el planeta resulten tener la fuerza suficiente para convencer y definir posturas  para el próximo 19 de junio.

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