Del sonido colombo-venezolano
Hace unos días recibí una dedicatoria muy halagadora y significativa, por venir de un gran investigador y reportero musical (En sus propias palabras), y que me asociaba a la preservación del "sonido colombo-venezolano". Más allá de la gratitud por tal reconocimiento y su correspondiente responsabilidad, me quedó la reflexión alrededor de esta categoría y qué mayor pertinencia que la del 5 de mayo para escribir unas gruesas líneas al respecto que complementaré luego con el quehacer musical de Almendra.
El 5 de mayo de 1988 partía de este plano Billo Frómeta, y con él más de 50 años de exitosa trayectoria musical en Venezuela que dieran altísimos reconocimientos a este hijo de Quisqueya, y que aún hoy tuvieran relevancia en el quehacer musical popular venezolano. Porque el sonido venezolano tiene mucho que ver con Billo y su orquesta. Claro, estuvo Luis Alfonso Larraín, Chucho Sanoja, Aldemaro Romero, los Hermanos Belisario, ello si al ambiente musical caraqueño nos referimos, pero hay otros actores, de todas partes del país como el sexteto Los Blanco, sólo por mencionar alguno, y que posteriormente se vieron relevados por la aparición de la salsa: el Pavo Frank, Los Dementes, La Dimensión Latina, El Sexteto Juventud....y así podríamos enumerar muchos artistas que, ya en los ochentas tuvieron una dosis de merengue para dar y convidar a otras latitudes...y es sólo allí, en ese momento donde se puede hablar, ya sin Billo, de que su orquesta Billo's Caracas Boys no era la mejor o al menos la más popular del país; porque Billo nunca siquiera lo sugirió, no explícitamente. limitándose a señalar que simplemente su agrupación era la más vieja del ambiente del país.
Tal vez ser el más viejo, lograr mantenerse en el gusto del público por cinco décadas, fue lo que determinó esa influencia, ese estilo, esa forma que expresa en su música bailable el sentir tropical del venezolano, con un elemento que innegablemente aportó Frómeta: el merengue dominicano. Y si bien este puede ser un país salsero, se sienten más las influencias del merengue y la guaracha en los conjuntos que, alejados de las nuevas tendencias, continúan haciendo música, si bien con identidad propia, con repertorio, estilo de hacer el set, tendencia al arreglar, todos tienen que ver con Billo. Es innegable, más allá de que los pavos (muchachos) digan que esa es música para viejos, porque siempre resultan bailando y cantando -sin saber por qué se saben la letra- Caminito de Guarenas.
Ahora bien, al iniciar señalé "sonido colombo-venezolano", y ello lo veo más o menos así, en una suerte de simbiosis que sobretodo a partir de la década del sesenta encontró Billo con la música caribe colombiana y que resultó nutriendo sus fonogramas y sus sets bailables no sólo en Colombia y Venezuela sino en cualquier lugar donde actuara la Billo's.
He escuchado de forma desobligada comentarios sobre la inclusión de repertorio colombiano en los arreglos del maestro, casi que señalando copia y oportunismo comercial. Debo señalar que Billo era un hombre altamente comercial, y tenía claramente definido el público para el que arreglaba y apartir de allí cómo construír su repertorio. Y sin duda, debió prácticamente fusilar varios números, apenas adaptándolos al estilo y formato de la orquesta que en su momento tuviera; pero no se puede subestimar el genio creativo que con su pluma adaptó números de Eliseo Herrera, Tony Zúñiga, Clímaco Sarmiento, Lucho Bermúdez o Pacho Galán, así como las exitosas adaptaciones que con letra proporcionara Carlos Alberto Vidal a "viejas" canciones colombianas y que le permitieran a Billo imponer nuevos éxitos, como La butifarra de Pacho o La casa de Fernando, sólo por citar dos ejemplos. Esto le permitió sostener su popularidad en Venezuela y afianzar sólidamente su presencia en Colombia, y sin duda permite hoy por hoy que se hable de ese sonido colombo-venezolano, como una expresión legítima desde Venezuela de los porros, cumbias, gaitas y paseítos compuestos en el caribe colombiano. ¿Gallegos? Seguramente, pero muy oportunos para extender los números colombianos en un momento histórico en que lo local aún no contaba con la fuerza de hoy, y donde se buscaba dotar la música popular de un "sonido internacional".
Hoy la cosa es diferente, la industria musical y la globalización nos ponen en un escenario de importancia real de los sonidos locales, autóctonos, propios...¿Ancestrales? Sin embargo, la historia y el estilo están ahí como una propuesta cuyo repertorio no necesita volverse a grabar, pero sí ser enriquecido con más canciones, propuestas y sobretodo la apuesta por una preservación histórica que, con orilla propia permita seguir destacando legados como el del ilustre cantor de Caracas, cuya estela, aún después de 35 años, algunos procuramos traer a la escena.
Gracias a Jaime Andrés por hacerme reflexionar, así como por sus letras, que siempre disfruto.
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