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De las 453 ideas que se nos puedan ocurrir frente
a una situación, generalmente las tres cuartas partes van encaminadas a
fatalidades. Una mirada acompañada de cierta estética nos induce a pensar en un
asalto, un secuestro, el paseo millonario y quién sabe que desafortunadas posibilidades
más. Independiente de ser un gato cualquiera sin ese afrodisíaco que despierta
las sensaciones del hampa, realmente nos vemos inmersos en ideas grises y
posibilidades oscuras alimentadas por radio, prensa, tv, la vecina y el
oportuno comentario de algún otro buen pizco que desde la experiencia del amigo
lejano de su primo tercero nutre nuestras posibilidades por las claras
coincidencias entre su caso y nuestro escenario.
Pero además de robos, atracos, puñaladas y
traumáticas pérdidas de mínimo el celular, también pensamos en cachos,
infidelidades, complots, traiciones, y en general silencios y ausencias que
esconden elaboradas tramoyas abrigando toda una construcción que nos haga caer
duramente y golpearnos con la pretensión de reventarnos hasta la madre, o por
el contrario que busca a como dé lugar ocultarnos verdades atroces,
infidelidades que conocen desde el portero en adelante y sabrá Mandraque qué
cosas más.....Todo producto de una cabeza prolífica en recrear historias que
alimenten sus sensaciones en vista de una vida claramente aburrida y
predecible.
La adrenalina que nos da no sólo la
posibilidad de contemplar estas posibilidades sino también de buscar mecanismos
para salirle adelante a situaciones y posibilidades que tan sólo existen en nuestra aburrida y desbalanceada cabeza
(una así como la mía), es la que nos permite emocionarnos, buscar respuestas,
calcular estrategias y definir futuros marcos de acción para descubrir cachos,
superar el compañero de trabajo envidioso que nos hace el cajón, superar las
especulaciones del mercado o solucionar los entuertos de una preñes inventada
por conveniencia (las posibilidades son múltiples)…….Esto da ánimo en la vida
caray!!...... El asunto en medio de este bollo reside en que, los niveles de
envideamiento son tales que superan en la mayor de las veces la ficción y creo
que superan la capacidad de hilar fino. Nos conducen a la paranoia y a delirios
de persecución infundados y de tal magnitud que resultamos creyendo cosas con
tal certeza que como consecuencia apenas lógica: ¡¡¡LA CAGAMOS!!!
En esa concienzuda tarea de salir adelante
frente a los mil escenarios contemplados y el nefasto escogido como seguramente
posible, diseñamos estrategias, y en los casos más radicales recogemos
asesorías de los personajes más inimaginados en situaciones de sanidad mental,
afectiva y sobretodo de algo que hacer, y en últimas hasta brujas y teguas nos
aconsejan con contras, riegos y demás armas metafísicas que acompañadas de
otras artimañas nos protegerán. Y la paranoia –a veces colectiva, ya que
siempre el mejor amigo nos hace el coro-, desemboca en rupturas, ridículos grandísimos,
cruce de tiras del bolso y otros menos complicados.
Hilar fino tiene límites y además
posibilidades reales. Ser precavido no es delito, pero lo peligroso del asunto
es maximizar la cuestión. El equilibrio de esto depende, pienso, de varias cosas que he dejado sueltas arriba y
que agrupo a continuación: tener una vida un poco más dinámica y divertida que
permita que nuestras dosis de adrenalina no estén sujetas exclusivamente a
nuestra capacidad imaginativa, no bajo ese enfoque; y desde luego, tener algo
en qué ocupar la cabeza, que nos saque del ostracismo sin que haga coro con la
tendencia complotista que vemos gira en torno a nosotros. En caso que ello
supere sus posibilidades de control, carajoo!!....Hay que, decididamente dejar
a los demás fuera de estos mundos, con eso nos evitamos miles de damnificados a
la vez que enemigos-críticos o sugerentes de clínica mental….Claro, todo ello
en mera potencia.
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