De la teta subdesarrollada.
Asistimos a un momento
interesante sin duda. El planeta colapsando por la clara devastación, un
sistema económico que cojea y procura reinventarse, una desigualdad creciente y
abismal en la distribución de la riqueza, y el aumento de la población. Ese es
a vuelo de pájaro un panorama de la situación mundial.
Mirando la casa por dentro
la situación se hace aún más difícil. Una economía colapsada, un alineamiento
irrestricto a una fracasada política de drogas internacional, un gobierno de
corrupción cínica articulado a la prensa y el empresariado cómplice, y una
sociedad que apenas va despertando del duro letargo que conlleva la apatía con
todo lo relacionado con política. Llevamos poco más de cincuenta días de paro.
Hambre, frustración, desempleo, poca salubridad y una explosión juvenil que
desde la desesperanza nutrió el deseo de cambio y su reclamo a viva voz. Ese es
nuestro contexto reciente.
En ese panorama hay
movimientos, colectivos, agremiaciones que propenden por la buena salud y el
tema alimentario que le atañe. Preocupación por el aumento de las cifras de
obesidad y los líos que desde la diabetes, los problemas renales, hepáticos,
cardiacos se generan con los productos procesados y los altos contenidos de
azúcar. Sin embargo, debe señalarse: comer bien no es tan sencillo. Existen
patrones culturales, sociales y sobretodo económicos que construyen imaginarios
en la sociedad frente a lo barato, lo sabroso, lo accesible, lo tradicional y
lo sencillo de cocinar. Por encima de todas esas consideraciones existe un
consenso entre especialistas, profesionales, madres, abuelas, saberes
tradicionales y estudios recientes alrededor de la primera alimentación de los
recién nacidos: La lactancia y su pertinencia.
La niñez es el eje central
de todas esas preocupaciones. Alimentación, educación, salud, oportunidades.
Articulan los temas a la primera infancia y construyen agendas, propuestas,
discursos, y es válido preocuparse de cara al futuro. En medio de todo esto,
quizá tan pertinente, resulta uno encontrando la declaración destemplada: “dar leche materna es símbolo de
subdesarrollo”. La declaración, de parte de una periodista con alguna
sintonía en un medio escuchado –Blu radio-, sin duda invita a la reflexión.
Tal reflexión se orienta en
dos ejes. Primero, habla del arribismo grosero de la prensa, que mira con
desdén lo que erróneamente cree una práctica popular, y que además da cuenta de
su nula capacidad investigativa antes de vociferar las tres primeras frases mal
hilvanadas que les da su ocurrencia. Es sin duda el tipo de pensamiento que
caracteriza a la nueva gente de bien, y su consecuente actuar. Segundo, me
genera la sospecha de algún proceso económico velado detrás de la irresponsable
declaración. Es decir, un patrocinante, una marca nueva, el desestímulo de la
lactancia materna en aras de la estética, y no sé qué otras tantas suspicaces
ocurrencias que podrían resultar posibles.
Siempre hay un nuevo y más
contundente motivo para tomar la decisión de cancelar la escucha de ese tipo de
medios. Es la audiencia la que los sostiene y, el silencio y la invisibilidad
es la mejor sanción social aplicable. Queda la invitación abierta a evitar
sintonizar los espacios que propendan por hacer masivas ese tipo de ideas, así
como las columnas de sus autores. Creo que debemos estar a la altura de lo que
exigen los tiempos y el futuro que se busca.
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