Dos meses de paro
Entré a youtube y, la
primera sugerencia fue el debate presidencial de 1986, en sus dos emisiones, 11
y 25 de febrero, según reseñaba la etiqueta. El primero en la historia de la tv
colombiana, de cara a las elecciones presidenciales que cubrirían el periodo
1986-1990, y que arrojó como presidente a Virgilio Barco, quien curiosamente no
hacia parte de los debatientes.
Los tópicos fueron justicia,
seguridad, costo de vida, (des) empleo, economía, fuerza pública. Realmente la
situación del país posee los mismos problemas de antaño, a los que se sumaron
la consolidación del narcotráfico y el paramilitarismo, una apertura económica
que quebró al agro colombiano, una flexibilización laboral y unas condiciones
cada vez más precaria en materia de empleo, un proceso de paz agonizante y la
transformación de las dinámicas del conflicto que, a pesar de la firma de los
desmovilizados no ha sido capaz de preservar su vida. Súmenle a eso la
corrupción y la pandemia. El escenario no es nada halagador.
Hace dos días se cumplieron
dos meses de la movilización que diera inicio al paro nacional, cristalizando
de alguna forma el descontento social frente a un claro detonante: reforma tributaria.
Explosión de juventud, reclamos, búsqueda de satisfacción a las necesidades
básicas y frente a ello los oídos sordos del gobierno, y una miopía negociadora
que, a pesar de frenar la tributaria y la reforma a la salud, logró desde su
carácter obtuso que el paro no incidiera de manera contundente en un giro
que modificara el destino de las
políticas nacionales. Por el contrario, lograron transformar algo pacífico,
justo, popular, -desde las acciones represivas de los cuerpos de policía y
Esmad, y el discurso del terrorismo y la guerra civil- en una contienda con
tintes de guerra interna que diariamente enfrenta pueblo contra pueblo, con un
desequilibrio en las fuerzas, activación de células urbanas paramilitares,
muertes, mutilaciones, desapariciones y evidentes violaciones a los Derechos
Humanos.
Acciones políticas
encaminadas a procesos de transparencia, justicia y legalidad desde las FFMM,
como la moción de censura al ministro de Defensa se diluyeron en el mar de
corrupción y complicidades del gobierno con los partidos que lo respaldan en el
Congreso; y acciones como la visita de la CIDH no han tenido la repercusión
esperada en las acciones estatales de represión a la protesta. ¿Y las reformas?
Entraron al legislativo caminando con otros nombres o se aplazaron para la
próxima legislatura, porque el Congreso sale a vacaciones.
El desgaste emocional y físico
es visible y contundente. El luto en las familias más allá de los efectos de la
covid, y los señalamientos políticos sobre responsabilidades ficticias,
terrorismo y vandalismo y patrocinios económicos están a la orden del día, de
tal suerte que figuras como la alcaldesa de Bogotá pretende suscribir réditos
políticos aprovechando un aparente desgaste de la movilización para propender
por su estigmatización así como la de quienes la respaldan desde diversas
orillas políticas.
Uno de los debatientes era
Álvaro Gómez Hurtado, en ese video de youtube que señalé. El mismo que desde su
enunciación de las “Repúblicas Independientes” cuando fue senador, generó que
bajo el gobierno de Guillermo León Valencia se inventara la operación
Marquetalia, dando inicio al conflicto interno colombiano con las FARC. Claudia
López debería entender que las acusaciones temerarias tienen efectos concretos,
como en el caso de Gómez y que, los efectos de la especulación y el
señalamiento, en este país, generan hechos sicariales concretos. Acá nunca han
existido escrúpulos para matar a nadie, independiente de la importancia social
o política que revista.
Entonces, desde el marco de
un movimiento invisibilizado por la prensa, unas tensiones no resueltas y una
evidente y constante campaña política desde todos los sectores –seguro de cara
a las próximas presidenciales-, les invito a una reflexión alrededor de la
participación política activa. Es momento de dejar la apatía y/o la languidez que
permita intercambiar apoyos políticos por puestos y contratos de medio pelo.
Meditemos y procuremos estar a la altura de las necesidades que demandan el
cambio de realidad imperativo para esta sociedad.
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