De la venta de los galardones de Billo -s-

 

La memoria y su preservación es un asunto que de alguna manera ha preocupado al hombre con mayor o menor intensidad, y ello de forma muy asociada a la pretensión de la trascendencia. En tal virtud se han generado a lo largo de la historia consideraciones a partir de las cuales algo o alguien resulte digno de ser recordado. Inicialmente estos procesos, asociados al valor, el coraje, los títulos, la espiritualidad y otros valores, se transmitían mediante el relato oral. Con la llegada de la escritura resulta un poco más contundente la tarea de preservar, desde un testimonio físico, un papel, un pergamino, una pintura, un grabado…en últimas, una huella.

Aun hoy leemos huellas, del pasado reciente y lejano, construyendo la idea de la especie, las élites, los procesos y las transformaciones de la vida económica, religiosa, política, sexual y cultural. Uno supondría que tales pretensiones y sobretodo el deseo de la preservación de ciertos valores específicos que definen desde la cultura a una sociedad, deberían ser objetivo claro de cuido esmerado, de cara al futuro y como testigo de un momento en el tiempo de la especie.

 

Durante el transcurso de esta semana se adelantó (no sé si continúe) una venta de garaje en la casa de la familia Frómeta Peraza, en víspera de la venta misma del inmueble. En este lugar, además de los objetos propios que se esperaría hallar en tal dinámica, como platos, cubiertos y demás objetos obvios de una cotidianidad familiar, por tratarse de su propietario inicial –Billo Frómeta- y muy a mi sorpresa, contenía también premios y condecoraciones recibidos por el maestro a su nombre y el de la orquesta Billo’s Caracas Boys, como reconocimiento específico por ventas, mérito, aporte a la cultura y en últimas por tratarse de una institución dentro de la música popular del siglo XX.

No son objetos simplemente, sino piezas que, desde su diseño y contenido simbólico representan en sentir de una sociedad que acoge y hace suyo el hacer musical de un grupo de artistas que proporcionan a sus vidas y celebraciones momentos de esparcimiento, alegría, unión, amor, quizá tristeza y melancolía, y muchas más posibilidades. Y en ese sentido, son huellas, testimonios de esa relación estrecha, casi indisoluble que la sociedad venezolana, y aún la colombiana, estableció con Billo, con su orquesta y con su música. Trivializar el asunto cosificando los reconocimientos da cuenta de una lectura superficial, de corto alcance y que despoja de tajo la trascendencia de una obra que va más allá de la producción discográfica.

Los premios no son de los hijos de Billo. Son del pueblo. Por eso mismo, y por ser públicos deberían ser parte de tal escenario. Uno que, desde el fomento de la historia y la cultura incluya las huellas de afecto y pertenencia que le prodigó Venezuela al músico dominicano durante su carrera artística y que logró definir la forma de festejar y bailar de varias generaciones; que dé cuenta sociológicamente de los procesos que desde el carnaval y la alegría definieron no sólo al caraqueño, y aún no sólo al venezolano, sino que irradiaron de alegría a sociedades como la colombiana que ven en la Billo’s una institución musical tan propia como Lucho Bermúdez o Pacho Galán.

La congoja va más allá de la bofetada que en el escenario privado recibo como admirador de la obra de Billo, y que ya de por sí resulta dolorosa. También se encuentra asociada con la estupidez que detentan quienes se autodenominan custodios de un legado, pero del que realmente sólo buscan réditos económicos que les permitan sostener una vida parasitaria.

Ya despojaron a la orquesta de su mística, concepto y sonido, y ahora atentan contra los vestigios históricos de laureados momentos que viviera la Billo’s Caracas Boys. Creo que hasta ahora me atrevo a expresar públicamente una opinión hecha en escenarios privados: Es hora de que duerma el sueño de los justos, porque con la muerte de Billo se fue su orquesta, su concepto y la forma en que él concebía el baile. Quedan los discos, y sólo eso, flotando en un mar de trivialidades vaporosas e intrascendentes.

Comentarios

  1. Coño compa que deplorable.Eso si es triste,como estara cantando junto con Ely "sueño caraqueño y estoy triste".

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